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martes, 27 de agosto de 2013

El Hada de los Dientes





Back forward, como se te ocurre alguna vez ahora de nuevo hacer, sólo para ver que lo que hay que ver, y rememorar, ahora sí, está muy bien. No dejes de ser.

El Hada de los Dientes se explica entre palabras, oculta el horror y no se permite ser débil. En ocasiones se inclina a oler las flores, y se embriaga de vida y de sentidos atrapados, mira a su alrededor para compartir y no encuentra a quién. El Hada de los Dientes no quiere escuchar sus propias palabras porque tantas veces antes sus propias palabras, en forma de eco, sólo la han asustado, y ahora que lo que oye por fin es correcto no sabe si tiene permiso para sentirse o no bien.


El Hada de los Dientes hace malabarismos con cuchillas afiladas. Y aún así aún saca energía para relucir como un cohete; destructora, ahora ha aprendido a construir sin detenerse.


Tú que ahora serás capaz de dejar de preocuparte por el daño y por el miedo al daño -y por "Los Otros"- y por el pasado que siempre trascurre en tiempo real junto al presente y el futuro, que nunca era incierto, como vas a ser capaz como ahora eres de ver. No está escrito nada más que lo que sabemos. Sigue haciendo malabarismos, sigue siendo, no dejes de hacerlo. Porque tras tanto tiempo de surrealismo todo ahora empieza por fin a tener sentido.

Todo es como tiene que ser.




martes, 7 de mayo de 2013

Mi actual punto de vista sobre la situación





Please, bitch!, las últimas noticias que tenemos sobre lo que hay al otro lado nos las proporcionó Jonás. Ya va siendo hora de actualizar un poco los datos.


Bien es cierto, lo de Jonás era una amable ballena come personajes bíblicos;  lo mío es un tiburón.


They say, ¡JUMP!



lunes, 25 de febrero de 2013

Of The Girl

La simplicidad resulta excelsa cuando el que se deja llevar y se atreve es El Otro.

Tomar nota.


viernes, 6 de abril de 2012

Hyperballad






Con las manos atadas a la espalda, atadas a la espalda. Con la mente libre a cien por hora, a cien mil kilómetros por hora, rastregando los brazos contra las paredes, contra las ideas, contra ti si hace falta. Contra ti estaría la mar de bien. Con las manos atadas a la espalda.




Me dejo caer hasta el suelo, porque yo quiero. Ya subiré otra vez. Sé lo habla, sé lo que dice, hasta aquí todo fueron juegos, preparativos, preliminares. Sé de lo que habla, me rebelo, rujo y me rebelo. Hago mohines contra el espejo, el espejo que distorsiona las imágenes de lo que ha sido, está roto en el suelo. Me va a dar igual. Con las manos atadas a la espalda  ahora también puedo avanzar.




Hay una arboleda en el espacio infinito que bordea las dos de la mañana, a donde van a parar los sueños inmaculados, los que nunca definiste con palabras, los escondidos, los que el mal hacer del aprender no ha podido mancillar, los ni siquiera te atreviste a mirar de frente, a ponerles nombre, los que tu mente no podía siquiera preveer. Espejos de carne. Los sueños que sólo puedes conocer cuando has perdido el miedo, el miedo que se pierde cuando has tenido todo el miedo del mundo. Del mundo mundial. Todo para ti. El miedo, los hilos finos  -sí, a veces son hilos rojos- unidos en una soga gruesa, a tu espalda, las manos atadas a la espalda, corriendo entre la arboleda.




A las dos de la mañana.




Sé de lo que habla. Estoy oyendo su voz. Entre la arboleda. Hacia la arboleda.







sábado, 28 de enero de 2012

El Ataque de la Mujer de 50 pies


Se apostó entre las sombras, en calma. Paciencia infinita que duró  años. Se comió las ganas y las lágrimas, se alimentó a base de imaginar la misma escena una otra vez. Se desprendió de todo lo superfluo, de todo lo que no estuviera encaminado a un mismo objetivo. A base de morderse los carrillos por dentro de la boca, perdió la capacidad de dolor. La punta de la lengua la recordaba, al tocar la llaga en carne viva, que había un bien superior más allá de  olvidar, de estar relajada, de avanzar. Triunfar y vivir era  la mejor venganza. Así pues vivió, con el automático puesto para siempre hasta que el automático se convirtió en lo espontáneo y lo espontáneo murió. Hasta que el disfraz que le apretaba, que no era ella y le iba demasiado ajustado se confundió con lo que ella era y dejó. El recuerdo de por qué todo aquello al final se fue extinguiendo, a base de reprimir el pensamiento y lo que había anhelado, deseado, lo que había respirado y vivido antes quedó en el olvido y dejó de ser importante. 


Simplemente esperó. Cuando esperar es lo más difícil que se pueda imaginar.


Cuando al final el día llegó, el automático -perfectamente engrasado y entrenado- se hizo con la situación y las palabras precisas surgieron de sus labios helados sin pensar siquiera. Sin miedo, sin preocupación, sin dudas morales. Disparar y matar. La venganza total no es un plato que se sirve frío, es el infierno congelado,  es el espacio exterior sin aire, es dejar de respirar por un momento y para siempre y disfrutar del latido angustiado que se ha parado en la vena de tu frente. Es el vacío. Es el placer infinito. Es que se te encojan las entrañas en el orgasmo intelectual más exquisito. Golpear y rematar. Es no pensar nunca, nunca más.


Lamer el filo de la navaja que tú misma has construido, fundida con las esquirlas partidas que un día quedaron de ti. Y la vida, mientras tanto, avanza. Es posible que, en el camino, no puedas recuperar jamás las cosas que has perdido pero, a quién le importan si el sacrificio que hiciste te ha cambiado tanto por dentro que no notarías la perdida aunque te dieras de bruces con ella. Sí, la vida continua, vale, es cierto. Pero en esta vida hoy hay uno menos. Y en vez de lamentase y preguntarse que hubiera pasado si no nos hubieran dañado, si una que era bastante imbécil no se hubiera topado con un agujero negro  -por  una vez- te has vengado. Te has vengado de verdad. Y la venganza no es un plato que sepa nada, nada mal. 
Cuando las victimas se convierten en verdugos es cuando el mundo puede de nuevo girar. 



domingo, 30 de octubre de 2011

Because Grunge


Todo el mundo tiene un talón de Aquiles, que nos muestra lo poco guays que somos. El mío son los 90, diría que porque me lo pasé muy bien durante esos años, pero es que no me acuerdo, así que no sería cierto. Y lo poco que recuerdo con claridad, puesto en frío y en una lista, un acontecido detrás de otro, suena cualquier cosa menos divertido. No se trata de que no esté satisfecha con la era digital ( obviamente, no es así: Aquí estoy) y puede que sea en parte por el asunto musical. Esto es irrefrendable, pero, y sobre todo, si intento recordarme a mi misma en los 90, acabo sentada en una acera ( la que sea) y es de noche, y tengo frío, y me arropo en mi pelliza de piel vuelta de los años setenta. Tenía un bolso de peluche de leopardo en el que llevaba una petaca de cristal llena de licor de flores chino, supongo que porque era barato para los niveles de alcohol que consumía en aquella época ( en cierta parte de la evolución del alcoholismo, resulta IMPOSIBLE emborracharse, bebas lo que bebas, y pronto descubres que la única manera buena de sacarle rendimiento al dinero que inviertes en alcohol es mantenerte bebiendo todo el día, y empezar con el desayuno. Si no, es harto improbable que consigas emborracharte. Luego eso cambia, claro.) y tengo el cráneo rapado al 1 y las orejas apunto de escarcharse. Recuerdo que había un garito especialmente apetecible en mi ciudad, que tenía un ventanal con una poyata del tamaño justo para extender la pelliza y dormir un par de horas. Y un buen DJ. Solía cerrar a las 4 y, sino cogía sueño hasta entonces, tenía que buscar una discoteca para dormir, lo que era una putada: Las discotecas, a esas horas e incluso para mi nivel de percepción de la mierda, están asquerosas, pero el problema era la música que pinchaban.  Supongo que mi afición por coger el sueño escuchando a Sepultura viene de ahí. Tampoco puedo explicar de una manera coherente el por qué de andar durmiendo por los rincones de los locales, vamos, puedo, pero no me da la real gana en este momento.


Así que pasaba la noche durmiendo por ahí, en un estado cercano a la borrachera perfecta, que es el equivalente alcohólico de la ola perfecta surfera: Inalcanzable, épico, utópico y digno de conversaciones de 8 horas al lado de el subwoofer de turno. En los 90 la farlopa no nos molaba y tampoco es que hubiéramos tenido dinero para pillarla, el dinero nos lo gastábamos en música. Se me ocurre una batalla de abuela cebolleta sobre el pirata musical del barrio, al que íbamos a visitar los domingos de mercadillo para hacerle los encargos, que diligentemente nos tendría preparados en cinta cassette el domingo siguiente, piung, ya estoy sentada de nuevo en una acera, petaca en mano, aunque es de día - horror- y no hay gafas de sol que compensen tanto dolor, pero resultaría poco ingenioso, así que dejémoslo. 

¿ Quién querría volver a vivir toda aquella mierda? ¿ Cómo van a poder idealizar los 90, ahora que están de moda de nuevo  hasta convertirlos en una mentira bonita que meter en  una cajita pequeñita y venderla en los centros comerciales otra vez ? Pues no les va a hacer falta, según parece. Hay miles de adolescentes asqueados que están haciendo suyos los 90 otra vez. Vale, en parte el culiito de Eddie Vedder es responsable, pero aún así.. Los 90  están vivos en Tumblr de una manera que resulta difícil de describir, y yo me siento entre todos esos niños, extasiada, porque, al contrario que mi generación, esta gentecilla puede hacer algo, está haciendo algo, y tienen el mismo espíritu y el mismo amor al grunge. Espectadora otra vez, en mi mejor estilo. Al fin y al cabo, los escritores vivimos exclusivamente como un efecto colateral de espiar a los demás. 


Grunge Shit es un movimiento que tendrá a dos camisetas, corrientes y molientes, pintadas en casa al mejor estilo grunge, durante 50 semanas rulando all over the world, entre 100 personas, que escribirán un diario del viaje de la camiseta por todos los continentes y esto, sólo, para que los adolescentes de Tumblr sientan que el grunge está aún vivo. Es irónico. Nada está vivo hasta que lo pones en movimiento por ti mismo.


No lo he podido evitar, clarostá. En alguna semana del año que viene, la camiseta grunge estará en mi casa, me la llevaré de copas ( sobre todo virtuales, o mi hepatitis autoinmune me dará de patadas a mi. Sí, los 90 fueron estupendos), irá a los conciertos de mis colegas, conocerá a Macizo, a Pato y a guitarra del año 96. 

Y todo esto será documentado en directo en la red. 


Because grunge. 



jueves, 27 de octubre de 2011

27 de Octubre de 2007

Hoy cumplo 4 años.





















El capitalismo se ha cargado (también) el amor: Carta abierta a Adam Smith ( Why I don't dream anymore)

Las consignas son claras.
Aguanta firme,
haz lo que es debido,
no mires el hoy.


Be sound.
Ella las sigue todas, mientras
recorre el sendero
que ella misma ha trazado.


Nadie más que ella....


Sólo es una trampa
la que te obliga a
 seguir soñando.
Se hace camino al andar.




Quién querría dejar de soñar
 si vivir se ha reducido
 a trabajar
 para ganar
 para comprar
 para tener
 para soñar
 para vivir.


 La consigna es clara:
No dejes de soñar.
No dejes de comprar.
No empieces a vivir.
Quién puede competir
 con la perfección
 que habita tu cabeza.
Quién podría,
quién querría.
Para qué.
Personas de usar y tirar también.




Tenemos el amor tan idealizado
que no lo queremos
cuando lo encontramos.
Mejor caminar añorando
que rebatir el páramo inmundo
de estar en contacto.


¿ Qué ocurriría si dejaras de soñar?




La consigna es clara:
Yo tengo el corazón salvaje.
















lunes, 17 de octubre de 2011

It's Free

A final, lo único que trasciende es lo que dejamos atrás. Si los recuerdos son subjetivos, manipulables, incluso dependen del estado de ánimo de quien los atesora: ¿ Qué somos, en realidad, si no dejamos nada al irnos? ¿ Cómo podemos demostrar que existimos, que aprovechamos un tiempo que nunca fue nuestro, que no nos perteneció?

Los padres, los grandes hacedores de recuerdos, no son ni siquiera conscientes, las más de las veces, del legado inconsistente que no dejan. Los que no somos padres, porque no nos da la gana mayormente, tiramos de imágenes vívidas en nuestras mentes y de fotografías y vídeos para conseguir rescatar del olvido las sensaciones sobre la piel que vivimos. Pero Windows se sigue choscando, las neuronas se siguen quemando, las casas y las calles cambian, los paisajes que nos contuvieron dejan muchas veces de existir, y nuestro paso por el mundo se va diluyendo, no tanto para los demás como para nosotros mismos. Aún no ha llegado el momento en que nos miremos al espejo y sepamos sin lugar a dudas que cosa puñetera eres y quieres ser, que quiere hacer el bicho raro con pulgares oponibles que nos mira desafiante y algo asustado, cuando las huellas de nuestros primeros pasos en el mundo han quedado  ya arrastradas como el polvo por un nuevo centro comercial y nuestra memoria borrada de los recuerdos de los que fueron en un tiempo nuestros más mejores y queridos amigos. 


¿ Qué nos queda que demuestre tanto dolor, tanto olvido, las risas solitarias y compartidas, la frustración y la rabia, los orgasmos y los besos? ¿ Podrá una hipoteca a 50 años llenarse de las señales inequívocas de la presencia de la vida plena y vivida de un ser humano perdido o se convertirá nuestra casa en un piso más cerrado cuando nos hayamos ido? ¿ O serán tal vez las  pilas de vinilos y de libros, mis camisetas rockeras y mi colección de dragones objetos por los que merezca la pena recordar el humano lamentable que he sido? 


Las personas que hemos querido nos miran con ojos muertos desde las fotografías y los aromas que nos evocan abren agujeros de gusano instantáneos y breves por los que transitar hasta el pasado, hasta lugares que podemos volver a mirar de reojo, algo borrosos, pero que permanecerán intocables, impalpables, invivilbles de nuevo por siempre jamás. Las palabras prevalecen. Sólo las palabras consiguen hacer justicia a las cosas que han sido.




*A Man Without a Country’ by Kurt Vonnegut

sábado, 1 de octubre de 2011

Dream a little dream of me





 1.Cada vez veo más utópicas las relaciones de amistad plenas entre mujeres. Las mata la competitividad. Creo que tiene más de carga genética, de lucha primigenia por el macho, argh, ( quien dice macho dice un par de zapatos en las rebajas, estar más delgada, tener un coche más grande o la polla más dura, qué más dará) que de falta de ganas. En cambio, la complicidad de la amistad masculina, intangible , que a las mujeres suele pasar desapercibido no tiene precio. Les sigo mirando con envidia. Y no puedo dejar de mirar. Supongo que tendrá algo que ver las pocas ganar de complicaciones que se traen los hombres y, también, un tanto de superficialidad. Es irónico que diga esto una mujer. 



 2.No tengo palabras para describir esta semana. Las tengo, ea, que las palabras no falten. Pero sería vano. Es complicado explicar el nivel de aislamiento que produce el querer y no poder. A veces, hasta a mi, se me olvida que no se trata de ser lo que se supone que tienes que ser: una cosa que siempre he tenido clara es que es una tarea vana el procurarse a uno mismo un nivel de confianza, de adulto, del que se careció en la educación más básica . Hay cosas que, cuando están rotas, no tienen arreglo posible. Siempre me ha enfurecido de la psicología moderna la manía de no buscar culpables para nada. Y enfurecerse uno es una fuerza poderosa. Pude ser un aliciente suficiente para vivir. Una fuerza destructiva que se puede volver una razón única en la vida. Y de eso puedes escribir una enciclopedia, entera, si se tercia. O puedes tumbarte en un rincón y darte por vencida que, supongo, es lo que vamos haciendo, antes o después, los tristes seres humanos a medida que nos damos cuenta que no vamos a parte ninguna. 



 3. Luego pasan cosas hermosas, de repente, por pura fuerza de tirar para delante, y me encuentro rodeada de seres luminosos que me miran a los ojos como si, juntos y en ese preciso momento, hubiéramos descubierto el fuego y supiéramos sin palabras que nuestro próximo movimiento es cantar la buena nueva. Los científicos puros, los que pasan su vida entre investigación y docencia, son lo más parecido a mariposas que imaginarse pueda. Unas mariposas torponas y de brazos extrañamente largos, eso es cierto, y un poco feos también, pero coño, qué esperáis. No les da, precisamente, la luz del sol todos los días. Y de repente recuerdo un recuerdo sacado de las catacumbas de la memoria de otra puta vida que, la verdad, ya no creo que algún día hubiera sido mía, un tiempo en que las cosas eran así todos los días para mi. Donde no existía pequeño barrio obrero y yo pasaba los días entre libros y entre aprendizajes y entre personas que parecía puestas allí sólo para saciar esta sed insaciable que tengo de saberlo todo y saberlo ya. Que lo sabían, realmente, todo y que no había pregunta que dejaran sin respuesta para mi. En un mundo donde hablar de lo listo que es uno es tan tabú y está tan castigado como decir de uno mismo que guapo que es uno o que bien que folla y lo grande que la tiene...no. Espera, eso fue antes de la aparición de Telecinco. Pero sí es cierto que sólo oimos hablar de la gente muy dotada cuando alcanzan sus metas y superan los límites que para los que no pueden resultan inalcanzables. Mientras, un 80% es engullido por el sistema escolar, la ruina económica y la falta de perspectivas educacionales. Luego, me siento a cagar ( mi actividad favorita siempre que no se inmiscuya en ella ambulancias y analgésicos) y leo en una revista que lo que me pasa se llama desarraigo. Es una palabra muy corta para que quepan en ella tantas noches en vela. 



4. A bebé nº1 y a bebé nº2 les ha nacido un hermano que compite por mis atenciones y por mis mimos. Y tengo que reconocer que el primer vistazo que eché al aula de la Facultad de Medicina me hizo llorar un poco. Un poco sólo, ¿eh?, que había mucho público. Y menos mal que, como Lobo, poseo radio incorporada, porque la ocasión requería de ovación y fanfarria y a todos los que me rodeaban les parecía una ocasión muy normal lo que a mi me sigue pareciendo único. Pero, para eso, queda un semestre aún. Y tengo miedo.


viernes, 23 de septiembre de 2011

Anatomía of the girl



Mañana es mi primer día de Uni. Sí, lo sé. En que estaba yo pensando. En realidad me faltan 6 meses para entrar en la Facultad , pero mañana es mi primer día: Sólo hace 20 años que no voy a clase, estoy fascinada, ¿ qué me pongo? ¿ mis habituales medias de rejilla, pestañas postizas y purpurina serán lo adecuado para adaptarme al  entorno estudiantil?, ¿ opto, en cambio, por la camiseta de the riper de Pearl Jam o quizás la calavera en llamas de Metallica?...no, esa no está limpia. ¿ Se pensarán que soy la señora de la limpieza o tal vez  que pertenezco al claustro? ¿ se dice claustro? ¿ qué es, de hecho, un claustro,  más que la galería que rodea el patio principal de una iglesia o convento?  Me sumerjo en un mar de dudas. Por no contar que dudo en sumergirme en mi  petaca.


En 1993 -os pongo al tanto de la fecha porque la veteranía es un grado  y porque me da la puta gana- me hice una camiseta, por el simple procedimiento de coger una blanca del cajón y arrearle con un rotulador negro, que rezaba lo siguiente: "A mi no me preguntes, que soy universitaria". Y con eso resumía/o mi opinión sobre la educación en esta nuestra comunidad. 

Algo no va bien en un ser humano cuando decide que necesita estudios universitarios. Los elefantes no van bien. Los elefantes son universitarios. Y, con este sencillo silogismo, demuestro todo lo anteriormente descrito. Este mensaje se autodestruirá en 15 segundos. O lo que tarde en encontrar una reunión de Alcohólicos Anónimos, lo que ocurra primero.  ¿ Por qué las reuniones de Alcohólicos Anónimos son siempre en locales infectos sobre estaciones de autobuses? No sé, nunca he estado en ninguna. No me dejan entrar. No es broma.

Decidme, al menos, que en la Universidad se puede fumar. 



martes, 20 de septiembre de 2011

In motion



Un buen plan ejecutado de manera 
violenta esta semana es mejor que 
un plan perfecto la semana que viene
- PATTON

Creo que no es necesario ejercer una fuerza exagerada para quebrar la voluntad más resistente, de igual manera que creo sólo fueron necesarios cuatro soldados para mantener miles de prisioneros tras una simple alambrada en un campo de exterminio. 
En el sur de Francia, es costumbre atar a las terneras en su infancia a un poste que en una semanas se retira. Así las vacas, pase lo que pase, nunca vuelven a moverse de un mismo sitio. Debe ser genial saber que no sólo vive para ti el animalito sino que, además, no se le ocurrirá moverse el resto de su vida. Genial para quien sea genial ese tipo de cosas, digo.

Creo que no es tan difícil encontrar a cierto tipo de gente. Cada uno es un soldadito alemán, o un atador de tiernas terneras a postes imaginarios. Claro que verlo, buscarlo en uno mismo, no mola nada. 

Aparece en mi puerta llorando a las 11 de la noche, con ese gesto quebrado que sólo tienen los ancianos y yo le miro con el mismo escepticismo con el que miraría caer las lágrimas de Mengele. Que duda cabe que Mengele se cogería un disgustillo de vez en cuando, no sé, se le caería al suelo su matraz favorito;  20 años después  recordaría su pérdida y , labilidad emocional, le daría por llorar desconsolada y arrugadamente. Yo qué se. Los viejos sólo son viejos. Parece que las arrugas, los bastones y los achaques ejercieran un efecto pacificador ante los ojos ajenos. El paso del tiempo como juez, jurado y ejecutor, y la sentencia tener el cuerpo como una pasa y la polla como un orejón. Yo que sé. Chorradas. Culpabilidades colectivas. Un Mengele viejo no es más que un Mengele joven con menos porte. Y mira que los alemanes tenían porte, coño, que gente, como les quedaban los uniformes. Que buen ojo el de Hitler eligiendo cortes y colores, caray. 

En fin, ante mi puerta, lagrimeando. Y moi, estatua de sal. Huye de casa como el adolescente que es y el hombre que nunca fue y viene hasta mi puerta y se queja y me dice que le maltrata y que no puede seguir así y que "antes dormirá en la calle" duduaaaah y se sienta ante la mesa de mi cocina y, antes de que apoye el culo en la silla ( la mía), ya me he abierto una botella de rosado espectacular que enfriaba en el frigorífico y me pongo a liarme  un American Spirit con pasimonia y pienso que si me pongo justo a ahora a contar de 100 a 0 de 7 en 7, cuando termine de hablar puedo estar lo suficientemente borracha para no rememorar nada. La nada. 

Así que me concentro en una nada estilo la  Historia Interminable que sale de la punta de mi lengua sonrosada y se extiende por el borde de mi copa, reluciente y preciosa, sigue por el tallo de cristal hasta las puntas de mis dedos; crece y crece y se come mi cuerpo y, como es una nada de silencio y de calma infinita, me ha convertido en hielo traslúcido y no me queda semejanza alguna con un ser humano. La verdad es que, cuando termina, no estoy bastante borracha, pero los seres de hielo traslúcido y de sal y de piedra no necesitan beber nada ni el alcohol rosado ecológico - de vides retorcidas bajo el sol de la yerma tierra menos humana que imaginarse pueda- les hace efecto alguno, así que no me asombra ni una pizca, oye.

Dejo la copa con cuidado sobre la mesa de la cocina y abro mi boca y de mi boca, conformadas por el espacio que antes era vino y humo, brotan palabras que ni oigo, porque para qué, y que él tampoco oye, porque para qué; porque hace tanto tiempo que dejó de escuchar nada que no fuera lo que quería oír que la voz ajena ha dejado de tener efecto alguno sobre él. Y lo curioso es que yo lo sé, y lo curioso es que las cosas que digo las digo, simplemente, porque puedo decirlas. Ese es un privilegio que pertenece a unos pocos. Al fin y al cabo, oír al Mengele quejarse de Himmler no deja de ser un juego vano. O puede que sea la príscina certeza de saber que, si ambos siguen vivos es, exclusivamente, porque un día del pasado recóndito -hace realmente mucho mucho tiempo en una lejana galaxia-  se me ocurrió que el mejor castigo para que expiaran sus pecados era dejarles con vida. Y que su vida durara el mayor tiempo posible. Y que tú puedas verlo, bonita.