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sábado, 9 de junio de 2012

Immortality



Acaricio con un pie descalzo el polvo del suelo de terrazo del balcón y miro el peatón verde parpadear en el semáforo a 100 metros de aquí. Plick, plick, plick, plick. En absoluto silencio. Un borracho pasa y la brisa suave sopla entre los dedos de mis manos. Entre los dedos de mis manos.

Por las olas verdes y cargadas de arena entre los dedos de mis manos, las páginas de libros que amarillean cerrados y que no puedo leer. Oler. Los trenes que, de dos golpes secos, comienzan su viaje nocturno en este preciso momento sin moverse de su sitio, viendo el paisaje gris noche cerrada y amarillo lámpara de sodio correr. Los viajes que no podré hacer. Los viajes que no podré hacer. Las conversaciones perdidas en universos paralelos donde todo es aprender, donde todo es aprender, donde todo es saber y soñar con saber  y apoyar la cabeza en la almohada y soñar con, al día siguiente, volver a aprender. Por las sobremesas entre los árboles perdidas, por las hormigas dibujando arabescos de pequeños granos de arena  bordeando las chanclas amarillas bajo el sol que no puedo sentir. Por las almohadas frescas y los desayunos de terraza de hotel. Por avanzar y caer y volver a avanzar y crear y saber. Por las olas verdes y cargadas de arena, hacia las olas azules y profundas y dormir.

Un chupito de morfina para todos. 


domingo, 5 de febrero de 2012

Absolute Beginners





Te levantas con uno de esos días en los que más que apetecerte hacer nada, te preguntas si habrá manera humana de llegar a un punto en que sea posible, sencillamente, dejar de hacer. Oiga usted, ya no quiero aprender nada más. Nunca más. Paramos el carrusel justo aquí. Las caras de la gente que ha crecido a mi alrededor han acabado reflejando, exactamente, las elecciones que hicieron, las líneas del tiempo que estaban escritas, cada una de los errores que les había predicho, la observadora del tiempo que puede verlo todo y no puede parar cosa alguna. Casandra tatuada, atrapada. Tal y como estaba escrito. Y, sinceramente, si hubiera una oportunidad de dejar de verles los feos jetos, no notaría una gran pérdida. La gente hermosa, la hermosa de verdad, se ha muerto. Hace mucho. O están atrapados en cajas pequeñas de historias pequeñas en mundos pequeños de habitaciones pequeñas que no les dejan avanzar más. Atrapados por LA DUDA. Duduá. Porque ser hermoso por dentro y vivir la vida, no sobrevivir, son términos contrapuestos. Un oxímoron vital sin solución de continuidad. Una verdad universal. Otra más.


Me acuesto con la sensación amarga y chocante de ser testigo de otra epifanía que, a buen seguro, va a complicar mi insomnio aún más. El Infierno late por los cuatro costados esta noche, y mi pobre, dolorido y cansado estómago no se va a quedar atrás en el juego que le ha tocado jugar en mi propio escenario. Da igual. El dolor me pilla siempre por sorpresa y no hay trampa ni analgésico, no hay escondite al que huir. Ya está aquí. No lloro de dolor. Lloro de rabia. Y espero. Esperar es algo que se me da bien. Como Ripley, una vez esperé todas las horas del mundo y, como él, podría esperar para siempre otra vez. Espero pues. Y te puedes cansar de esperar porque, terminar, terminará justo en el momento en que te des por vencida y luego, un poco más. ¿ No es curioso? No. No lo es. 

A partir de este punto no sé como continua la historia, el guionista no me ha pasado el libreto de los próximos capítulos. Voy a caminar el resto de mi tiempo a tientas, porque no sé lo que va a suceder. No puedo evitar pensar que, tal vez, no haya más guión que leer. No porque no esté escrito sino porque, una vez cogida tanta carrerilla, sea indefectiblemente imposible salirse del camino. Tal vez no haya guión porque no haya más nada que narrar. Tal vez no haya camino, sólo el espejismo de que haya un camino. No lo sé. Que vamos deprisa ahora es lo único que veo. Y aún así...


Yo recuerdo el aroma de tu jersey al volar sobre tu cabeza de un tirón. Y hay un tipo de atardecer, sobre la carretera, en el que el aire se refresca y, desde el asfalto, sube el calor del día; las ruedas rugen sobre la carretera y mi mano libre está apoyada en el cromo de la ventanilla bajada, con timidez. Bajo mi pie derecho siento el motor del coche, vivo, vibrar. Sé bien hacia donde vamos. En el oeste el sol está jugando a haberse comido un tripi y fantasea con colores que no son muy razonables, incluso para Él. El viento tiene una cualidad casi sólida y puedo sentir el olor de mi casa acercándose a lo lejos, aún a kilómetros de mi. Voy a escribirte palabras de saliva en la espalda caliente y a descorchar ese vino que he guardado durante inviernos e inviernos no sé muy bien por qué. A la noche, el fresco se convertirá en frío y recuperaré tu jersey mientras la piel de mis piernas se divierte, de punta, jugando a ser gallina, mientras las lechuzas hacen pasadas silenciosas y blancas como espectros. Mientras a los estorninos les da la ventolera de cantar los últimos grandes éxitos justo antes del amanecer. Sentada en el escalón de la puerta. Con un tazón de café amargo y caliente entre mis manos. Mientras duermes un sueño que nunca has dormido porque tú nunca has estado aquí. Porque hace mucho tiempo que perdí tu jersey y mi derecho a estar aquí. A conducir en el atardecer caliente hacia el fresco tachonado de promesas de que, al día siguiente, habrá un día siguiente diferente. Y aún así....


Mantengo los ojos bien abiertos. 






















lunes, 21 de noviembre de 2011

Encore/ Numb



Tengo una caja donde guardo todas las cosas que son tan grandes que apenas puedo creer que hayan salido de mi, you just need to be proud of yourself ( Henry Rollins/ Bruce Springsteen mode). Son tan pequeñas, tan brillantes, tan hermosas, todos esos logros personales inalcanzables alcanzados finalmente aunque sólo haya sido una vez: Conducir en soledad absoluta por la carretera más hermosa, solitaria y larga que uno pueda conocer, que las 8 y media de la mañana den en tu reloj a metro y medio bajo el agua azul y cristalina, hacer eso que siempre has visto a otros hacer, que siempre has querido hacer, que no sabías que fuera posible hacer...Heart in a box. 

Podría tatuar en mi brazo un río ancho, sólo para nadar contra corriente en Él para siempre jamás, más no esta vez. ¿Qué me diferencia de cualquiera? Cualquier cosa mala que puedas decir de mi será verdad. Ya no tiene interés para mi.


En el budismo, aprendes rápido que la fuente de todo el sufrimiento no es la carencia, sino la esperanza. El que espera desespera, no hay más que dejar de esperar para empezar a dejar de sufrir. Qué pasaría si hemos elegido el camino equivocado, si la respuesta la tienen todos los que se han dejado, los que están ahora mismo acodados en la barra del bar, los que están viendo la tele, los que juegan a la consola, los que sólo beben cerveza que pagan con el trabajo que tienen para comprar cerveza que beben para soportar que tienen que ir a trabajar. Que pasa si lo que nos está machacando no es lo que nos está machacando, sino tener la estúpida idea de que nos va a dejar de machacar. Qué pasa si hay que dejar de esperar.

Paseo en el silencio atronador de los auriculares entre la noche y los personajes de la noche, los que fueron otrora mis compañeros,  y busco en el espejo negro de los escaparates  oscuros la diferencia entre mi imagen y la de todos aquellos a los que desprecio por el simple efecto de tener  miedo a que se parezcan más de lo que creo a mi misma. Los momentos mágicos, las esperanzas realizadas ( la manifestación física de la imaginación más delirante) todo lo  intangible que al tornarse palpable se desvanece en un segundo y pasa de ser un proyecto, en tu cabeza, a ser un recuerdo en tu memoria; todo aquello que vivió en la tierra apenas lo que dura un suspiro ( y un suspiro humano bien puede durar treinta años y dejarte en los labios el sabor de un beso fugaz y salado), tu triste y dolorido corazón en una caja, el torbellino de emociones que parecen nacer de la nada y que si logran manifestarse por fin en la nada acabarán  de igual manera, puesto que nada dura para siempre y siempre es nada, ¿ pueden todos esos logros pequeñitos como la mano de un niño compensar todo esto? 

Por qué vivir abocados hacia delante si hacia delante es inalcanzable y, las raras veces que se alcanza, nos deja estupefactos y tan trastornados que a duras  penas podemos aprovecharlo. O disfrutarlo. Tal vez la respuesta a todas las preguntas sea tan sencilla como dejar de hacerlas, y lo que diferencia a la figura arropada hasta las cejas y con las esperanzas puestas en lo venidero que soy yo de todos los que se beben la noche y ya no esperan nada , como siempre han hecho, es que yo aún no me he dado cuenta de que no hay diferencia alguna.  Y que no es tan bueno ni tan especial -ni por ende yo misma- creer que el que lucha es superior al que ha dejado de hacerlo o al que nunca ha sabido cómo o al que no lo ha intentado siquiera. Tal vez lo único que nos mantenga insomnes a estas alturas de la película no sea más que el eco de la música, bien alta, mintiendo una vez más. Tal vez lo que nos mantenga en pie sea creernos la mentira de que aún existe en nosotros esa diferencia. 


jueves, 3 de noviembre de 2011

Desarraigadita y sola en este mundo, mundo cruel ( I )

A three-chord symphony crashes into space
The moon is hanging upside down



Al final, acabo dando siempre vueltas a las mismas cosas. No creo que un psicoanalista freudiano le diera para una tesina conmigo ( claro que hay que ser muy tonto para ser psicoanalista y, encima, freudiano: Merecido se lo tiene) y son, a saber: La soledad y la sensación de desarraigo, la traición y la aliteración ( de la traición, se entiende), la falta de fe y de moral. Descubrir cualquiera de los anteriores defectos en uno mismo. 

La niñez es un lugar cálido en el que cobijarse cuando vienen mal dadas, pero si la niñez es la representación del esperpento y, aún así, te cobija, malo. 

A mi, lo que me produce sensación de protección es un lugar que ya no existe y no las personas que pululaban  en él. Pero de eso ya habló Machado y, macho, no puedo con él. Me fascina la capacidad del ser humano de rebelarse como un catalizador de mal y, en un abracadabra espeluznante, acabar eructando florecillas del campo, pompas de colores y caballitos ponies. Pero no equivocarse, una reacción química o es exógena o es endógena. Y sino sale pa' fuera, te lo comes. 

Una de las primeras señales de que voy a estar enferma es la fantosmia. La fantosmia es un problema, neurólogico la mayor parte de las veces, que produce que se huelan cosas que no están allí. Es como vivir  en una permanente magdalena Proustiana, pero en mal. Un quítame allá esas pajas olfativo y literal. El mundo, queridos míos, apesta en sus muchas acepciones, y las armas de fuego son brillantes y pesadas en la mano y de ellas surge un delicioso olor a aceite de engrasar, a garaje antiguo y a venganza. Y, si te concentras lo suficiente, puedes percibir el olor nauseabundo y metálico de montones de sangre en cualquier superficie porosa de esas que no toleran el Scott Brite. Yo no puedo estar sin él.  Mucha sangre e ironía, que no se nos olvide ( y si lo has olido alguna vez, no se te olvida, créeme).

Pero no quería hablar de eso, porque los monstruos no huelen a nada malo, al fin y al cabo, suelen venir envueltos en olores familiares que nos rodean cada día y que, seguro, puedes percibir en cualquier cocina. Yo siempre he sido de Álvarez Gómez, que le voy a hacer. Aunque hoy no aguante ni ese olor ni otro. Ni el mío  propio ni, mucho menos, el de ninguna magdalena.  

domingo, 30 de octubre de 2011

Because Grunge


Todo el mundo tiene un talón de Aquiles, que nos muestra lo poco guays que somos. El mío son los 90, diría que porque me lo pasé muy bien durante esos años, pero es que no me acuerdo, así que no sería cierto. Y lo poco que recuerdo con claridad, puesto en frío y en una lista, un acontecido detrás de otro, suena cualquier cosa menos divertido. No se trata de que no esté satisfecha con la era digital ( obviamente, no es así: Aquí estoy) y puede que sea en parte por el asunto musical. Esto es irrefrendable, pero, y sobre todo, si intento recordarme a mi misma en los 90, acabo sentada en una acera ( la que sea) y es de noche, y tengo frío, y me arropo en mi pelliza de piel vuelta de los años setenta. Tenía un bolso de peluche de leopardo en el que llevaba una petaca de cristal llena de licor de flores chino, supongo que porque era barato para los niveles de alcohol que consumía en aquella época ( en cierta parte de la evolución del alcoholismo, resulta IMPOSIBLE emborracharse, bebas lo que bebas, y pronto descubres que la única manera buena de sacarle rendimiento al dinero que inviertes en alcohol es mantenerte bebiendo todo el día, y empezar con el desayuno. Si no, es harto improbable que consigas emborracharte. Luego eso cambia, claro.) y tengo el cráneo rapado al 1 y las orejas apunto de escarcharse. Recuerdo que había un garito especialmente apetecible en mi ciudad, que tenía un ventanal con una poyata del tamaño justo para extender la pelliza y dormir un par de horas. Y un buen DJ. Solía cerrar a las 4 y, sino cogía sueño hasta entonces, tenía que buscar una discoteca para dormir, lo que era una putada: Las discotecas, a esas horas e incluso para mi nivel de percepción de la mierda, están asquerosas, pero el problema era la música que pinchaban.  Supongo que mi afición por coger el sueño escuchando a Sepultura viene de ahí. Tampoco puedo explicar de una manera coherente el por qué de andar durmiendo por los rincones de los locales, vamos, puedo, pero no me da la real gana en este momento.


Así que pasaba la noche durmiendo por ahí, en un estado cercano a la borrachera perfecta, que es el equivalente alcohólico de la ola perfecta surfera: Inalcanzable, épico, utópico y digno de conversaciones de 8 horas al lado de el subwoofer de turno. En los 90 la farlopa no nos molaba y tampoco es que hubiéramos tenido dinero para pillarla, el dinero nos lo gastábamos en música. Se me ocurre una batalla de abuela cebolleta sobre el pirata musical del barrio, al que íbamos a visitar los domingos de mercadillo para hacerle los encargos, que diligentemente nos tendría preparados en cinta cassette el domingo siguiente, piung, ya estoy sentada de nuevo en una acera, petaca en mano, aunque es de día - horror- y no hay gafas de sol que compensen tanto dolor, pero resultaría poco ingenioso, así que dejémoslo. 

¿ Quién querría volver a vivir toda aquella mierda? ¿ Cómo van a poder idealizar los 90, ahora que están de moda de nuevo  hasta convertirlos en una mentira bonita que meter en  una cajita pequeñita y venderla en los centros comerciales otra vez ? Pues no les va a hacer falta, según parece. Hay miles de adolescentes asqueados que están haciendo suyos los 90 otra vez. Vale, en parte el culiito de Eddie Vedder es responsable, pero aún así.. Los 90  están vivos en Tumblr de una manera que resulta difícil de describir, y yo me siento entre todos esos niños, extasiada, porque, al contrario que mi generación, esta gentecilla puede hacer algo, está haciendo algo, y tienen el mismo espíritu y el mismo amor al grunge. Espectadora otra vez, en mi mejor estilo. Al fin y al cabo, los escritores vivimos exclusivamente como un efecto colateral de espiar a los demás. 


Grunge Shit es un movimiento que tendrá a dos camisetas, corrientes y molientes, pintadas en casa al mejor estilo grunge, durante 50 semanas rulando all over the world, entre 100 personas, que escribirán un diario del viaje de la camiseta por todos los continentes y esto, sólo, para que los adolescentes de Tumblr sientan que el grunge está aún vivo. Es irónico. Nada está vivo hasta que lo pones en movimiento por ti mismo.


No lo he podido evitar, clarostá. En alguna semana del año que viene, la camiseta grunge estará en mi casa, me la llevaré de copas ( sobre todo virtuales, o mi hepatitis autoinmune me dará de patadas a mi. Sí, los 90 fueron estupendos), irá a los conciertos de mis colegas, conocerá a Macizo, a Pato y a guitarra del año 96. 

Y todo esto será documentado en directo en la red. 


Because grunge. 



jueves, 27 de octubre de 2011

El capitalismo se ha cargado (también) el amor: Carta abierta a Adam Smith ( Why I don't dream anymore)

Las consignas son claras.
Aguanta firme,
haz lo que es debido,
no mires el hoy.


Be sound.
Ella las sigue todas, mientras
recorre el sendero
que ella misma ha trazado.


Nadie más que ella....


Sólo es una trampa
la que te obliga a
 seguir soñando.
Se hace camino al andar.




Quién querría dejar de soñar
 si vivir se ha reducido
 a trabajar
 para ganar
 para comprar
 para tener
 para soñar
 para vivir.


 La consigna es clara:
No dejes de soñar.
No dejes de comprar.
No empieces a vivir.
Quién puede competir
 con la perfección
 que habita tu cabeza.
Quién podría,
quién querría.
Para qué.
Personas de usar y tirar también.




Tenemos el amor tan idealizado
que no lo queremos
cuando lo encontramos.
Mejor caminar añorando
que rebatir el páramo inmundo
de estar en contacto.


¿ Qué ocurriría si dejaras de soñar?




La consigna es clara:
Yo tengo el corazón salvaje.
















sábado, 1 de octubre de 2011

Dream a little dream of me





 1.Cada vez veo más utópicas las relaciones de amistad plenas entre mujeres. Las mata la competitividad. Creo que tiene más de carga genética, de lucha primigenia por el macho, argh, ( quien dice macho dice un par de zapatos en las rebajas, estar más delgada, tener un coche más grande o la polla más dura, qué más dará) que de falta de ganas. En cambio, la complicidad de la amistad masculina, intangible , que a las mujeres suele pasar desapercibido no tiene precio. Les sigo mirando con envidia. Y no puedo dejar de mirar. Supongo que tendrá algo que ver las pocas ganar de complicaciones que se traen los hombres y, también, un tanto de superficialidad. Es irónico que diga esto una mujer. 



 2.No tengo palabras para describir esta semana. Las tengo, ea, que las palabras no falten. Pero sería vano. Es complicado explicar el nivel de aislamiento que produce el querer y no poder. A veces, hasta a mi, se me olvida que no se trata de ser lo que se supone que tienes que ser: una cosa que siempre he tenido clara es que es una tarea vana el procurarse a uno mismo un nivel de confianza, de adulto, del que se careció en la educación más básica . Hay cosas que, cuando están rotas, no tienen arreglo posible. Siempre me ha enfurecido de la psicología moderna la manía de no buscar culpables para nada. Y enfurecerse uno es una fuerza poderosa. Pude ser un aliciente suficiente para vivir. Una fuerza destructiva que se puede volver una razón única en la vida. Y de eso puedes escribir una enciclopedia, entera, si se tercia. O puedes tumbarte en un rincón y darte por vencida que, supongo, es lo que vamos haciendo, antes o después, los tristes seres humanos a medida que nos damos cuenta que no vamos a parte ninguna. 



 3. Luego pasan cosas hermosas, de repente, por pura fuerza de tirar para delante, y me encuentro rodeada de seres luminosos que me miran a los ojos como si, juntos y en ese preciso momento, hubiéramos descubierto el fuego y supiéramos sin palabras que nuestro próximo movimiento es cantar la buena nueva. Los científicos puros, los que pasan su vida entre investigación y docencia, son lo más parecido a mariposas que imaginarse pueda. Unas mariposas torponas y de brazos extrañamente largos, eso es cierto, y un poco feos también, pero coño, qué esperáis. No les da, precisamente, la luz del sol todos los días. Y de repente recuerdo un recuerdo sacado de las catacumbas de la memoria de otra puta vida que, la verdad, ya no creo que algún día hubiera sido mía, un tiempo en que las cosas eran así todos los días para mi. Donde no existía pequeño barrio obrero y yo pasaba los días entre libros y entre aprendizajes y entre personas que parecía puestas allí sólo para saciar esta sed insaciable que tengo de saberlo todo y saberlo ya. Que lo sabían, realmente, todo y que no había pregunta que dejaran sin respuesta para mi. En un mundo donde hablar de lo listo que es uno es tan tabú y está tan castigado como decir de uno mismo que guapo que es uno o que bien que folla y lo grande que la tiene...no. Espera, eso fue antes de la aparición de Telecinco. Pero sí es cierto que sólo oimos hablar de la gente muy dotada cuando alcanzan sus metas y superan los límites que para los que no pueden resultan inalcanzables. Mientras, un 80% es engullido por el sistema escolar, la ruina económica y la falta de perspectivas educacionales. Luego, me siento a cagar ( mi actividad favorita siempre que no se inmiscuya en ella ambulancias y analgésicos) y leo en una revista que lo que me pasa se llama desarraigo. Es una palabra muy corta para que quepan en ella tantas noches en vela. 



4. A bebé nº1 y a bebé nº2 les ha nacido un hermano que compite por mis atenciones y por mis mimos. Y tengo que reconocer que el primer vistazo que eché al aula de la Facultad de Medicina me hizo llorar un poco. Un poco sólo, ¿eh?, que había mucho público. Y menos mal que, como Lobo, poseo radio incorporada, porque la ocasión requería de ovación y fanfarria y a todos los que me rodeaban les parecía una ocasión muy normal lo que a mi me sigue pareciendo único. Pero, para eso, queda un semestre aún. Y tengo miedo.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

I've made my bed, I'll die in it






















Sobre todo no quejarse, ¡coño!
Vivir con miedo a desmayarse de dolor en medio de la calle.
Vivir con miedo a que alguien, con todo el cariño del mundo, te envenene la comida. Y no le digas nada, encima, que lo ha hecho con todo el cariño.
Vivir con miedo a apoyar las manos en la barra de una cafetería y llevártelas, inconscientemente, luego a la boca.
Miedo a que los condones de plátano tengan gluten.
Miedo a que los cigarrillos no te maten de un cáncer.
Miedo a los besos con lengua.
Hacer seis horas de cola en las puertas del Bernabeu y, recién comenzado el concierto, entre desconocidos, pedir ayuda para que te socorra la Cuz Roja. Y sentir rabia, impotencia, vergüenza y miedo. 
Tener miedo a comer fuera de tu casa. No poder jamás hacerlo. 
Tener miedo a las manitas de un niño.
Decir siempre que no. No caramelos, no besos, no un trocito uno pequeño, no como en tu casa, no como tus rosquillas, no comparto tu vaso ni tu botella. He dicho que no. No. 
Vivir con miedo a decir que no.

Vivir con miedo a que el calmante no llegue a tiempo. Que nunca llegue a tiempo. Que nunca haya un calmante suficientemente calmante. Que nada te calme.
Tener miedo de tus propios medicamentos. 
Vivir a base de complementos vitamínicos. Vivir con miedo la llegada de la primera rotura de un hueso. Pasear a los perros con miedo de que te peguen un golpe, de que te desmayes y se pierdan,  de que te desmayes y te los roben. 
Vivir con miedo a que alguien no te crea, a que no te tomen en serio. Vivir con miedo a contar por qué vives con miedo, todos los días, y que no sirva para nada. Vivir con miedo de que sirva para lo que no debe servir contar tus miedos.
Ir a un simposio médico y  que los mejores especialistas de Europa te digan: el tratamiento que llevas para el resto de tu vida no funciona. 
Ver como el resto de enfermos les tira de la polla su enfermedad y sentir miedo.

Ver llegar las 2 de la mañana y saber que esa noche vas a pasar mucho miedo.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Nos hacemos mayores, redundantes y marginados culturalmente * Exile Times ( I )



Tener un acompañante te fija en el tiempo y, 
concretamente, en el presente. 
Pero cuando el carácter de la soledad se asienta, 
pasado,presente y futuro fluyen todos juntos. 
Un recuerdo, un acontecimiento del hoy y
 una previsión están todos igual de presentes. **

Era una casita tan mona. Tanto. Era un lugar acogedor y entrañable. Lo que se viene llamando un hogar. Un lugar fijo en el tiempo y en el espacio donde volver a reconstruirse a uno mismo. Un lugar a donde regresar. Con su jardín y  sus árboles, sus pájaros y  su silencio, sin teléfono, dos canales- apenas- de televisión. Los horarios los regían las luces y las sombras que el sol producía alrededor del mundo tibio con su suave movimiento.

La joven y  prometedora veinteañera, con sus trajecitos de diseño, su pelo liso y perfecto, su utilitario dinámico y su bronceado suave. La viva imagen de la clase social dominante, que iba y venía de la ciudad al paraíso arbolado a la busqueda jovial de trabajo. Relajada y eficiente, sonriente y tan feliz. ( es cierto que su sonrisa era un tanto torcida, pero no lo suficiente para no resultar mona y divertida. Siempre divertida. No lo suficiente, no)

La viva imagen del cachorro de yuppie. La drogadicta de farmacia, con dinero y con soltura. La perfecta yonkie encubierta en un verano inacabable de whisky y anfetaminas. Una autentica delicia. Yep.

Creo que hay demasiadas realidades **

 Ay, la mística de las drogas. El instrumental, la pipa, el pastillero, la jeringa de cristal, el huevo kinder relleno de arroz, la rula, ; machacar, moler, liar, la lenta puesta en escena, la parefernalia y la parsimonia; la introducción del neófito en la pequeña obra de teatro privada, en el club selecto; las señales masonas entre iniciados, la tensa, a veces violenta -siempre molesta- intimidad con tu selecto proveedor desdentado. Guardar un secreto que es sólo tuyo y que pertenece a cientos ( es un club muy amplio,  hay que reconocerlo), la llegada de la noche, la llegada de la luz del día, el mundo silencioso cuando subes, y el insoportable ruido. El desprecio inmenso, el asco, hacia los que perdieron las riendas ante la apuesta y que ya no manejan al cocodrilo. Ñam. Se te ha comido. Yonkie de mierda. 

Ay, la mística de las drogas. El servicio público alicatado por completo de negro. Una tumba, una hermosa metáfora de lo que se cuece sobre la tapa del water...la lección número uno es esta: La droga hay que trabajársela y tú tomas lección mental, muy aplicada, de lo divertido que puede llegar a ser acabar  en un urinario de diseño - con tu melena perfecta y tu Armani de lino- con un farlopero cuarentañero que vive de lo que roba a su madre, pero que está machacando cristales de piedras preciosas, sólo para ti y porque tú lo vales. Una puta fiesta sin fin, donde vale tanto ser perfecta a la luz del día, como puta a la de los neones. De colores.

Es muy extraño, pero cuando te marcas 
una meta se hace difícil no seguir
 hasta alcanzarla, 
aunque se trate de algo impropio
 y ni siquiera deseable **

Por supuesto,  que hay un momento en el que tienes que reconocer que te has pasado de lista, y no es en ese en el que no te reconoces, en el espejo, porque es muy difícil que lo que miras lo llegues en realidad a ver, y tampoco es ese otro en el que un amigo se preocupa y te comenta, compungido, porque ya no te quedan amigos, más que los de la noche. Y esos te comerían el coño con la misma facilidad con la que te tirarían a un pozo. Y  hablo en sentido literal . El día que te das cuenta de que eres una canción Tom Waits te importa  una mierda, porque estás comprobando en directo el segundo acto de esta comedia hollywoodesca. Y , si lo que andabas buscando  era poder "sentir" algo, durante las próximas horas te vas a cansar de sentir. Mierda.

Era una casita tan mona. A veces pareció un hogar. 



* Nick Hornby 31 CANCIONES 
**Olaf Stapledon EL HACEDOR DE ESTRELLAS