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martes, 10 de abril de 2012

Beneficios de los cuarenta: Que pocos pelirrojos hay en este país, galletas aptas para celiacos y las Olimpiadas del sexo.

Me siento ignorada. Y cachonda. Pero sobre todo ignorada. Luego me ha dado por pensar que a ver si, en realidad, me he convertido en una obsesa del sexo. La culpa la tiene Tumblr, no os engañéis, no es una plataforma para el intercambio de fotografías: Es un tablón de anuncios sexual, pero en bien. Tumblr gotea feromonas adolescentes y yo, que soy mucho de asomarme a cualquier movimiento colectivo que no requiera de mi ninguna acción activa y me permita un mucho de ser observadora de lo que sea, me zambullo en las procelosas aguas de la frustración sexual de medio planeta y nado cual privilegiada y envidiada cuarentañera bien casada y bien follada. 

Qué ilusa, la señora polvo seguro. 


La Primavera. 

Luego me ha dado por pensar que, lo que ocurre, es que de tanto ir de provocativa libertina y sexual  verbalmente liberada me he convertido en mi propio mito y en una caricatura de mi propio personaje. Con el espíritu práctico que me caracteriza, decidí hacer un estudio de campo que diera respuestas a las siguiente preguntas:

A/ ¿ Estoy obsesionada con el sexo o es que me aburro?
B/  Para la sociedad y a nivel sexual, ¿ hay realmente una gran diferencia entre los treinta y muchos y los cuarenta? 
C/  Realmente, ¿cuánto me aguanta el cuerpo hoy en día?

La Semana Santa ha llegado y es el momento adecuado for goin' Racin' in the Street para reflexionar en voz alta sobre el sexo, en particular, sobre el mío.
En primer lugar, decido realizar una encuesta, silenciosa, sobre el apartado B para lo cual decido salir de Pequeño Barrio Obrero ( aquí el que no folla es porque no quiere, porque ganas hay a patadas) y trasladarme al centro, bastante ligera de ropa, pero sin exagerar, pertrechada por un libro, para dar sensación de intelectualidad y apartar el fantasma de la prostitución callejera ( yo qué sé, no mido mi fuerza ni mis capacidades ni nada) y lanzarme a ligar por la calle, a las 5 de la tarde, a ver que pasa. 

¿ Y qué es lo que pasa? Nada. No pasa nada. Porque un factor con el que no había contado es el de mi xenofilía sexual: No me ponen nada los españoles. De verdad que lo intento, pero es que no puedo. Mi adolescencia fue un sufrir por este tema: ¿ me das un besito? Sí, pero que conste que te lo doy con un poco de repugnancia, porque eres muy moreno y muy peludo y...bajito y, puf. Señor, llévame pronto. A los países bajos a ser posible. 

Tras dos horas por la calle, consigo un rozón en un talón, gastarme 30 euros no presupuestados, ligar sin proponérmelo con dos lesbianas ( no, el experimento era meramente heterosexual en este caso) y darme cuenta de que estoy rodeada de feos. Sí, feos. Eso me hace sufrir.
Cuando de repente y justo en el momento en el que me había dado por vencida, aparece por la esquina  una cabeza gengibre acompañada del resto de mobiliario que viene de serie en los tíos macizos - bultos por todas partes-  y, por pedir que no quede, ¡encima sabe vestir!. Le miro. No, no me estoy explicando, me lo como con la vista. Le lamo mentalmente y pongo cara de lo mismo ( que suerte no verme a mi misma) Me mira. Pone cara de lo mismo. No de mirarme, sino de sentirse lamido y agradarle y de darme lo mío. Sí, lo sé. Un sólo espécimen NO sirve para un estudio de campo, pero ¡ qué narices!, que tengo cuarenta. Sirve para hacerme feliz. Me voy a casa tan contenta. Con que poco se conforman algunas, amigos.

Segunda parte del experimento: Apartados A y C. Las Olimpiadas del Sexo. Me propongo echar seis polvos en dos días, con lo que espero:

1. Qué se me quite el espíritu primaveral por una temporada.
2. Comprobar si lo mucho cansa. ( yo qué sé, llevo 15 años casada. Dejadme)
3. Ver si se me llena el ojo antes que la calabaza. Seis polvos, qué bien. Y luego al segundo te apetece más ver la teletienda, vete tu a saber.
Por supuesto, y en previsión de que el interesado que va a poner la parte contratante  salga huyendo de ejercicios espirituales al sofá de un amigo,  no le hago partícipe de mis intenciones. Más bien, ladinamente, me aposto por las esquinas. No es necesario que entre en detalles. Cuando me impongo un objetivo, lo cumplo. Cueste lo que cueste. Las conclusiones son las siguientes:

Primera: Una cuarentañera es, básicamente, invisible. A no ser que enseñe teta. Entonces como si tiene quince. 

Segunda: Si a los veinte echas una mirada provocativa a alguien por la calle eres un zorrón y te miran como tal. A los cuarenta, si echas una mirada provocativa el interesado se lo piensa. Mucho. Por cierto, el interesado no tenía más de 25. ( Qué sí, joder, que un sólo espécimen no sirve para una encuesta. Y a mi qué. Qué me dejéis he dicho)

Tercera: Tengo que incluir más vitamina K en la dieta. Tengo moratones.

Cuarta: No pesan los kilos. Pesan los años. Jamás pensé que tendría que parar en medio del sexo para labores de avituallamiento.

Quinta: Sigo con las mismas ganas de sexo. ¿ Esto con la edad va a más? En serio. Mal pero mal pero mal de mal.

Sexta y última: Si vas a organizar unas Olimpiadas del Sexo, avisa. No es que le tenga enfadado precisamente, pero estoy en la cama sola comiendo galletas. No sé que pensar de esto. Creo que me voy a sumergir en Tumblr un rato. 




domingo, 5 de febrero de 2012

Absolute Beginners





Te levantas con uno de esos días en los que más que apetecerte hacer nada, te preguntas si habrá manera humana de llegar a un punto en que sea posible, sencillamente, dejar de hacer. Oiga usted, ya no quiero aprender nada más. Nunca más. Paramos el carrusel justo aquí. Las caras de la gente que ha crecido a mi alrededor han acabado reflejando, exactamente, las elecciones que hicieron, las líneas del tiempo que estaban escritas, cada una de los errores que les había predicho, la observadora del tiempo que puede verlo todo y no puede parar cosa alguna. Casandra tatuada, atrapada. Tal y como estaba escrito. Y, sinceramente, si hubiera una oportunidad de dejar de verles los feos jetos, no notaría una gran pérdida. La gente hermosa, la hermosa de verdad, se ha muerto. Hace mucho. O están atrapados en cajas pequeñas de historias pequeñas en mundos pequeños de habitaciones pequeñas que no les dejan avanzar más. Atrapados por LA DUDA. Duduá. Porque ser hermoso por dentro y vivir la vida, no sobrevivir, son términos contrapuestos. Un oxímoron vital sin solución de continuidad. Una verdad universal. Otra más.


Me acuesto con la sensación amarga y chocante de ser testigo de otra epifanía que, a buen seguro, va a complicar mi insomnio aún más. El Infierno late por los cuatro costados esta noche, y mi pobre, dolorido y cansado estómago no se va a quedar atrás en el juego que le ha tocado jugar en mi propio escenario. Da igual. El dolor me pilla siempre por sorpresa y no hay trampa ni analgésico, no hay escondite al que huir. Ya está aquí. No lloro de dolor. Lloro de rabia. Y espero. Esperar es algo que se me da bien. Como Ripley, una vez esperé todas las horas del mundo y, como él, podría esperar para siempre otra vez. Espero pues. Y te puedes cansar de esperar porque, terminar, terminará justo en el momento en que te des por vencida y luego, un poco más. ¿ No es curioso? No. No lo es. 

A partir de este punto no sé como continua la historia, el guionista no me ha pasado el libreto de los próximos capítulos. Voy a caminar el resto de mi tiempo a tientas, porque no sé lo que va a suceder. No puedo evitar pensar que, tal vez, no haya más guión que leer. No porque no esté escrito sino porque, una vez cogida tanta carrerilla, sea indefectiblemente imposible salirse del camino. Tal vez no haya guión porque no haya más nada que narrar. Tal vez no haya camino, sólo el espejismo de que haya un camino. No lo sé. Que vamos deprisa ahora es lo único que veo. Y aún así...


Yo recuerdo el aroma de tu jersey al volar sobre tu cabeza de un tirón. Y hay un tipo de atardecer, sobre la carretera, en el que el aire se refresca y, desde el asfalto, sube el calor del día; las ruedas rugen sobre la carretera y mi mano libre está apoyada en el cromo de la ventanilla bajada, con timidez. Bajo mi pie derecho siento el motor del coche, vivo, vibrar. Sé bien hacia donde vamos. En el oeste el sol está jugando a haberse comido un tripi y fantasea con colores que no son muy razonables, incluso para Él. El viento tiene una cualidad casi sólida y puedo sentir el olor de mi casa acercándose a lo lejos, aún a kilómetros de mi. Voy a escribirte palabras de saliva en la espalda caliente y a descorchar ese vino que he guardado durante inviernos e inviernos no sé muy bien por qué. A la noche, el fresco se convertirá en frío y recuperaré tu jersey mientras la piel de mis piernas se divierte, de punta, jugando a ser gallina, mientras las lechuzas hacen pasadas silenciosas y blancas como espectros. Mientras a los estorninos les da la ventolera de cantar los últimos grandes éxitos justo antes del amanecer. Sentada en el escalón de la puerta. Con un tazón de café amargo y caliente entre mis manos. Mientras duermes un sueño que nunca has dormido porque tú nunca has estado aquí. Porque hace mucho tiempo que perdí tu jersey y mi derecho a estar aquí. A conducir en el atardecer caliente hacia el fresco tachonado de promesas de que, al día siguiente, habrá un día siguiente diferente. Y aún así....


Mantengo los ojos bien abiertos. 






















miércoles, 26 de octubre de 2011

Exile Times II: El que avisa no es traidor ( mis problemas con mi tendencia al calientapollismo)


Hace mucho que decidí jugar su juego. Lastima de las reglas que desconozco. La calle está embarrada de aguanieve y los bajos de mis vaqueros, pisoteados y empapados, arrastran por el suelo. Le sigo, me limito a seguirlo  en un acto consciente de abandono, de aventura y de darle un poquito de drama a la noche, con la certeza, me digo, de que estoy segura. Con la certeza, quiero obviar, de que  en realidad no me importa nada lo que pase. Lo que pase, por malo que sea,  no será nada y será una nada que es mejor que el resto de las nadas.  

Entramos en bares y en garitos, uno tras otro, no sé bien el por qué ni me interesa. Esta noche estoy jugando al juego de ser sumisa, fría y distante como el hielo, sólo por la recompensa que preveo de polvo a la vista, porque me gusta y porque me apetece. Cada sitio resulta peor que el anterior. Me siento invencible, cubierta de un caparazón de desdén infinito y de borrachera, pero me castañetean los dientes, me estoy meando y me empiezo a frustrar de tanta tontería y tanto ser humano.


De repente, deja la mierda que se traiga entre manos y me agarra de una muñeca. Tira de mi, pone una mano en mi nuca y me besa. Una excitación que dura a penas un segundo. Sabe a vino y a cigarrillos y a lengua. Y lo único que se me ocurre es prolongar el momento lo más que pueda porque sé, a ciencia cierta, que cuando nuestras bocas se separen y le mire a los ojos, habrá dejado de tener interés ninguno  para mi. Igual que este bar, que esta música, esta noche y el resto de cosas que me rodean. Como ocurre siempre. Como siempre va a ocurrir.

No creo que se lo vaya a tomar muy a bien. 



martes, 4 de octubre de 2011

Smack My Bitch Up



Obligaciones varias --------------> Hecho.
Trabajo ------------------------------>Hecho.
Estudio ------------------------------>Ni de lejos.
Recados por cuenta ajena ------>Ni de coña.
Ir a nadar ---------------------------->En mis sueños.
Imprimir material variado -------->Hecho.
Tocar la guitarra ------------------->Ah, ¿ eso que lleva una semana cogiendo polvo?
Mascarilla facial -------------------> Venga, hombre...
Paliza en la cocina -----------------> A ello voy ahora, yuju.
Tomarme un rato para mi --------> Hecho. Una hora feliz.
Dejar de mirar el correo cada
15 minutos esperando
documentación vital para
el curro -------------------------------> No sé hacer eso, va contra mi carácter.
________________________________________________________________

= ESTRÉS.

Gracias bonita, yo también sé sumar...


sábado, 1 de octubre de 2011

Dream a little dream of me





 1.Cada vez veo más utópicas las relaciones de amistad plenas entre mujeres. Las mata la competitividad. Creo que tiene más de carga genética, de lucha primigenia por el macho, argh, ( quien dice macho dice un par de zapatos en las rebajas, estar más delgada, tener un coche más grande o la polla más dura, qué más dará) que de falta de ganas. En cambio, la complicidad de la amistad masculina, intangible , que a las mujeres suele pasar desapercibido no tiene precio. Les sigo mirando con envidia. Y no puedo dejar de mirar. Supongo que tendrá algo que ver las pocas ganar de complicaciones que se traen los hombres y, también, un tanto de superficialidad. Es irónico que diga esto una mujer. 



 2.No tengo palabras para describir esta semana. Las tengo, ea, que las palabras no falten. Pero sería vano. Es complicado explicar el nivel de aislamiento que produce el querer y no poder. A veces, hasta a mi, se me olvida que no se trata de ser lo que se supone que tienes que ser: una cosa que siempre he tenido clara es que es una tarea vana el procurarse a uno mismo un nivel de confianza, de adulto, del que se careció en la educación más básica . Hay cosas que, cuando están rotas, no tienen arreglo posible. Siempre me ha enfurecido de la psicología moderna la manía de no buscar culpables para nada. Y enfurecerse uno es una fuerza poderosa. Pude ser un aliciente suficiente para vivir. Una fuerza destructiva que se puede volver una razón única en la vida. Y de eso puedes escribir una enciclopedia, entera, si se tercia. O puedes tumbarte en un rincón y darte por vencida que, supongo, es lo que vamos haciendo, antes o después, los tristes seres humanos a medida que nos damos cuenta que no vamos a parte ninguna. 



 3. Luego pasan cosas hermosas, de repente, por pura fuerza de tirar para delante, y me encuentro rodeada de seres luminosos que me miran a los ojos como si, juntos y en ese preciso momento, hubiéramos descubierto el fuego y supiéramos sin palabras que nuestro próximo movimiento es cantar la buena nueva. Los científicos puros, los que pasan su vida entre investigación y docencia, son lo más parecido a mariposas que imaginarse pueda. Unas mariposas torponas y de brazos extrañamente largos, eso es cierto, y un poco feos también, pero coño, qué esperáis. No les da, precisamente, la luz del sol todos los días. Y de repente recuerdo un recuerdo sacado de las catacumbas de la memoria de otra puta vida que, la verdad, ya no creo que algún día hubiera sido mía, un tiempo en que las cosas eran así todos los días para mi. Donde no existía pequeño barrio obrero y yo pasaba los días entre libros y entre aprendizajes y entre personas que parecía puestas allí sólo para saciar esta sed insaciable que tengo de saberlo todo y saberlo ya. Que lo sabían, realmente, todo y que no había pregunta que dejaran sin respuesta para mi. En un mundo donde hablar de lo listo que es uno es tan tabú y está tan castigado como decir de uno mismo que guapo que es uno o que bien que folla y lo grande que la tiene...no. Espera, eso fue antes de la aparición de Telecinco. Pero sí es cierto que sólo oimos hablar de la gente muy dotada cuando alcanzan sus metas y superan los límites que para los que no pueden resultan inalcanzables. Mientras, un 80% es engullido por el sistema escolar, la ruina económica y la falta de perspectivas educacionales. Luego, me siento a cagar ( mi actividad favorita siempre que no se inmiscuya en ella ambulancias y analgésicos) y leo en una revista que lo que me pasa se llama desarraigo. Es una palabra muy corta para que quepan en ella tantas noches en vela. 



4. A bebé nº1 y a bebé nº2 les ha nacido un hermano que compite por mis atenciones y por mis mimos. Y tengo que reconocer que el primer vistazo que eché al aula de la Facultad de Medicina me hizo llorar un poco. Un poco sólo, ¿eh?, que había mucho público. Y menos mal que, como Lobo, poseo radio incorporada, porque la ocasión requería de ovación y fanfarria y a todos los que me rodeaban les parecía una ocasión muy normal lo que a mi me sigue pareciendo único. Pero, para eso, queda un semestre aún. Y tengo miedo.