
En este retortillo de no permitirse avanzar y llegar a parte alguna, tarda menos en perderse en su memoria un perfecto plan que funciona que en ponerse a funcionar. Cuando se da cuenta, tiene que volver a poner todas las piezas juntas. Así se ve convertida en cancerbero del cancerbero interior, ese que sólo sabe apuntarla con el dedo. Se chupa los brazos salados como medida preventiva del olvidar que bajo la ropa de invierno tiene el cuerpo. Hay uno, sí. Espíritu hostil, que en cuanto se amansa se muere y deja de existir. La voz que habla por dentro está muy triste y afligida: Mamá, yo quiero ser una nena buena y ser feliz, pero lo que le va y realmente le funciona es hacerlo todo a la contra. Vamos a sacar ventaja de la educación infantil retorcida y al revés. A la contra, pues. Saca los dientes. Y si el gesto le pilla con la lengua aún sobre la piel del brazo, ya le recordará la sangre que si ella sangra -ella que es su único enemigo y por ello indestructible- los demás se pueden morir sólo de intuir lo que se viene encima.
No lo hacen. Las hormigas obreras lo hacen de pena con eso de de poner a prueba a la gente.
Tiene la piel ferpecta, y el iris de los ojos tan hermoso que hace daño zambullirse dentro. Plaf, mirarle a los ojos es como tener sexo. Ojos de alcoba. El pelo ferpecto, y los hombros ferpectos y la polla ferpecta también. Que sea o no perfecto por dentro no tiene importancia alguna, lo bueno de darse una misma todo lo que una necesita es que no va reflejando en los caballeros ferpectos los ideales ferpectos con los que los demás sueñan despiertos, entre sábanas calientes, para completar un muy imperfecto día. Espíritu hostil para él también. No es que den muchas ganas de ponerse en modo destructora cuando la agarra con esas manazas por la cintura, pero mejor ella que él.
Prefiere morirse de soberbia y de ir sobrada que dejar de aprender un sólo día. Sedienta y hambrienta, los músculos de la espalda tan agarrotados que los tirantes del sujetador hacen daño. Pues si hacen daño, el sujetador está sobrando también. Como todo lo demás. Aprender las cosas de una en una. Olvidaras y volverlas a aprender. Volver a aprender otra vez que se olvida lo aprendido, aprietar los dientes y superar la desilusión de no aprender lo suficiente. Espíritu valiente. No tiene que dejar de ser quien es.


