Mostrando entradas con la etiqueta la Maeve que toca la guitarra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la Maeve que toca la guitarra. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de enero de 2012

Espíritu Hostil





En este retortillo de no permitirse avanzar y llegar a parte alguna, tarda menos en perderse en su memoria un perfecto plan que funciona que en ponerse a funcionar. Cuando se da cuenta, tiene que volver a poner todas las piezas juntas. Así se ve convertida en cancerbero del cancerbero interior, ese que sólo sabe apuntarla con el dedo. Se chupa los brazos salados como medida preventiva del olvidar que bajo la ropa de invierno tiene el cuerpo. Hay uno, sí. Espíritu hostil, que en cuanto se amansa se muere y deja de existir. La voz que habla por dentro está muy triste y afligida: Mamá, yo quiero ser una nena buena y ser feliz, pero lo que le va y realmente le funciona es hacerlo todo a la contra. Vamos a sacar ventaja de la educación infantil retorcida y al revés. A la contra, pues. Saca los dientes. Y si el gesto le pilla con la lengua aún sobre la piel del brazo, ya le recordará la sangre que si ella sangra -ella que es su único enemigo y por ello indestructible- los demás se pueden morir sólo de intuir lo que se viene encima. 

No lo hacen. Las hormigas obreras lo hacen de pena con eso de de poner a prueba a la gente. 


Tiene la piel ferpecta, y el iris de los ojos tan hermoso que hace daño zambullirse dentro. Plaf, mirarle a los ojos es como tener sexo. Ojos de alcoba. El pelo ferpecto,  y los hombros ferpectos y la polla ferpecta también. Que sea o no perfecto por dentro no tiene importancia alguna, lo bueno de darse una misma todo lo que una necesita es que no  va reflejando en los caballeros ferpectos los ideales ferpectos con los que los demás sueñan despiertos, entre sábanas calientes, para completar un muy imperfecto día. Espíritu hostil para él también. No es que den muchas ganas de ponerse en modo destructora cuando la agarra con esas manazas por la cintura, pero mejor ella que él. 

Prefiere morirse de soberbia y de ir sobrada que dejar de aprender un sólo día. Sedienta y hambrienta, los músculos de la espalda tan agarrotados que los tirantes del sujetador hacen daño. Pues si hacen daño, el sujetador está sobrando también. Como todo lo demás. Aprender las cosas de una en una. Olvidaras y volverlas a aprender. Volver a aprender otra vez que se olvida lo aprendido, aprietar los dientes y superar la desilusión de no aprender lo suficiente. Espíritu valiente. No tiene que dejar de ser quien es.



domingo, 30 de octubre de 2011

Because Grunge


Todo el mundo tiene un talón de Aquiles, que nos muestra lo poco guays que somos. El mío son los 90, diría que porque me lo pasé muy bien durante esos años, pero es que no me acuerdo, así que no sería cierto. Y lo poco que recuerdo con claridad, puesto en frío y en una lista, un acontecido detrás de otro, suena cualquier cosa menos divertido. No se trata de que no esté satisfecha con la era digital ( obviamente, no es así: Aquí estoy) y puede que sea en parte por el asunto musical. Esto es irrefrendable, pero, y sobre todo, si intento recordarme a mi misma en los 90, acabo sentada en una acera ( la que sea) y es de noche, y tengo frío, y me arropo en mi pelliza de piel vuelta de los años setenta. Tenía un bolso de peluche de leopardo en el que llevaba una petaca de cristal llena de licor de flores chino, supongo que porque era barato para los niveles de alcohol que consumía en aquella época ( en cierta parte de la evolución del alcoholismo, resulta IMPOSIBLE emborracharse, bebas lo que bebas, y pronto descubres que la única manera buena de sacarle rendimiento al dinero que inviertes en alcohol es mantenerte bebiendo todo el día, y empezar con el desayuno. Si no, es harto improbable que consigas emborracharte. Luego eso cambia, claro.) y tengo el cráneo rapado al 1 y las orejas apunto de escarcharse. Recuerdo que había un garito especialmente apetecible en mi ciudad, que tenía un ventanal con una poyata del tamaño justo para extender la pelliza y dormir un par de horas. Y un buen DJ. Solía cerrar a las 4 y, sino cogía sueño hasta entonces, tenía que buscar una discoteca para dormir, lo que era una putada: Las discotecas, a esas horas e incluso para mi nivel de percepción de la mierda, están asquerosas, pero el problema era la música que pinchaban.  Supongo que mi afición por coger el sueño escuchando a Sepultura viene de ahí. Tampoco puedo explicar de una manera coherente el por qué de andar durmiendo por los rincones de los locales, vamos, puedo, pero no me da la real gana en este momento.


Así que pasaba la noche durmiendo por ahí, en un estado cercano a la borrachera perfecta, que es el equivalente alcohólico de la ola perfecta surfera: Inalcanzable, épico, utópico y digno de conversaciones de 8 horas al lado de el subwoofer de turno. En los 90 la farlopa no nos molaba y tampoco es que hubiéramos tenido dinero para pillarla, el dinero nos lo gastábamos en música. Se me ocurre una batalla de abuela cebolleta sobre el pirata musical del barrio, al que íbamos a visitar los domingos de mercadillo para hacerle los encargos, que diligentemente nos tendría preparados en cinta cassette el domingo siguiente, piung, ya estoy sentada de nuevo en una acera, petaca en mano, aunque es de día - horror- y no hay gafas de sol que compensen tanto dolor, pero resultaría poco ingenioso, así que dejémoslo. 

¿ Quién querría volver a vivir toda aquella mierda? ¿ Cómo van a poder idealizar los 90, ahora que están de moda de nuevo  hasta convertirlos en una mentira bonita que meter en  una cajita pequeñita y venderla en los centros comerciales otra vez ? Pues no les va a hacer falta, según parece. Hay miles de adolescentes asqueados que están haciendo suyos los 90 otra vez. Vale, en parte el culiito de Eddie Vedder es responsable, pero aún así.. Los 90  están vivos en Tumblr de una manera que resulta difícil de describir, y yo me siento entre todos esos niños, extasiada, porque, al contrario que mi generación, esta gentecilla puede hacer algo, está haciendo algo, y tienen el mismo espíritu y el mismo amor al grunge. Espectadora otra vez, en mi mejor estilo. Al fin y al cabo, los escritores vivimos exclusivamente como un efecto colateral de espiar a los demás. 


Grunge Shit es un movimiento que tendrá a dos camisetas, corrientes y molientes, pintadas en casa al mejor estilo grunge, durante 50 semanas rulando all over the world, entre 100 personas, que escribirán un diario del viaje de la camiseta por todos los continentes y esto, sólo, para que los adolescentes de Tumblr sientan que el grunge está aún vivo. Es irónico. Nada está vivo hasta que lo pones en movimiento por ti mismo.


No lo he podido evitar, clarostá. En alguna semana del año que viene, la camiseta grunge estará en mi casa, me la llevaré de copas ( sobre todo virtuales, o mi hepatitis autoinmune me dará de patadas a mi. Sí, los 90 fueron estupendos), irá a los conciertos de mis colegas, conocerá a Macizo, a Pato y a guitarra del año 96. 

Y todo esto será documentado en directo en la red. 


Because grunge.